lunes, 6 de julio de 2020

¿Con qué nos quedamos? (conclusiones y reflexiones)

El avance implacable del progreso en la tecnología no ha tenido un correlato en las habilidades para su utilización en la mayoría de las personas en nuestra sociedad. El ámbito de la educación no es ajeno a esta problemática, encontrándose sus protagonistas muchas veces en una posición incómoda respecto a cómo seguirle el paso a la expansión de la red global y sus repercusiones.

Las investigaciones que se han revisado han mostrado que uno de los principales desafíos en la implementación de este tipo de metodologías ha sido la escasa capacitación que tienen las y los docentes respecto al uso de estas plataformas, sumando una carga más a la extenuante labor de estos y estas profesionales.

Por su parte, las y los estudiantes se encuentran en una encrucijada entre lo enormemente propositivo de la exploración de los entornos virtuales y la rígida estructura del sistema tradicional que parece inmutable en sus cimientos. Es esta rigidez la que afecta tanto a docentes como a estudiantes, ya que las responsabilidades asociadas al tipo de evaluación que predomina en este sistema no permite la diversificación de la enseñanza y/o el aprendizaje.

Todos estos desafíos deben estar considerados en las futuras planificaciones de las metodología es que trabajen con las tecnologías digitales, ya que son elementos fundamentales para la evaluación de la viabilidad de distintos proyectos educativos. Para ello se necesitan establecer espacios de diálogos democráticos entre las y los distintos protagonistas del proceso educativo.

Durante la pandemia ocasionada por el COVID-19, los sistemas educacionales en el mundo han estado obligados a adoptar metodologías no presenciales, principalmente utilizando las plataformas digitales. Sin embargo, este proceso ha dejado en evidencia la desigualdad que existe en muchos países, particularmente en Chile con su sistema económico neoliberal.  Una de esas evidentes falencias ha sido la excesiva carga de las y los docentes del país, que en su mayoría han sido obligados a adaptarse a un nuevo entorno de condiciones laborales, sumándose a la precaria situación de muchos y muchas profesoras en el país que se arrastra desde la dictadura militar. Esta desigualdad se vive también en el acceso a recursos que tienen las y los estudiantes en el país, ya que no todos o todas tienen acceso a internet, incluso un gran porcentaje aún no posee ni siquiera el acceso a luz eléctrica.

Esta revisión ha dejado varias interrogantes que pueden guiar futuras investigaciones que aborden esta problemática. Es por eso que planteamos: ¿Cómo se aborda el uso de este tipo de tecnologías desde un paradigma de educación inclusiva?¿Cómo se han diseñado e implementado este tipo de metodologías en el contexto de la pandemia?¿Cómo se abordará luego de la pandemia el diseño y la implementación de este tipo de metodologías?¿Cuáles son las diferencias en las condiciones de implementación de estas metodologías en los distintos países de latinoamérica?¿Y en el mundo?

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